Muerte de un Campista

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La semana pasada falleció la persona que me inició en el mundo del Camping: Mi padre. El es el causante de la gran cantidad de buenos recuerdos que tengo de niño junto a nuestra pequeña caravana Bambina.

Mi padre siempre fue un espíritu libre. Practicó el nudismo en las calas de Alicante, comió camello a la brasa junto al fuego en al Atlas de Marruecos, pescó pirañas en el Amazonas y como no, practicó la acampada libre junto al Mar en aquellos tiempos en que aún se podía hacer.

Los inicios de mi padre fueron como los de la gran mayoría: en tienda de campaña. Una tienda muy grande que tuvo la osadía de plantar junto a la playa del Montiboli en Alicante. La primera casita de una pareja joven. La osadía no fue por acampar allí. En los años setenta podías hacerlo sin problemas con la policía. La osadía fue porque la dejaban plantada entre semana en aquella playa de piedras para ir los fines de semana. Con su nevera a gas, con sus mesas y sillas. Con sus colchones. Su única “protección” era la supervisión del encargado del chiringuito que estaba al lado. Mi padre era muy confiado. Demasiado. Eso sí el sitio es precioso.

montiboli

 

Aquella tienda y todo su contenido volaron de un día para otro. Y el encargado del chiringuito, alicantino de nacimiento, se convirtió en sueco por un día.

Más tarde llegó la caravana. Vivíamos por aquel entonces en Elda, en el interior de Alicante. Todos los años hacíamos el viaje de rigor a Andorra. Siempre en Semana Santa. El Ford Orión que mi padre compró para tirar de la caravana echaba humo en cada cuesta.

Íbamos a un camping que estaba justo en el centro de Andorra. Recuerdo que teníamos que meter monedas en las duchas para tener agua caliente. Nos levantábamos con el camping cubierto de nieve y nuestra única protección contra el frío era un viejo radiador que pasaba toda la noche encendido dándolo todo. Por las mañanas las ventanas siempre estaban llenas de vaho.

Nuestra caravana era pequeña. Muy pequeña. Era una Hergo Bambi con un comedor convertible en mesa y un par de literas. Suficiente para nosotros. Lo peor era que no tenía baño aunque yo por aquel entonces pensaba que ninguna lo tenía.

hergo-bambi

En Andorra teníamos acceso a cosas que no se encontraban fácilmente en la España de los 80. Galletas danesas, mantequilla holandesa (esos tarros plateados de aluminio con tapa de plástico), relojes casio, videojuegos de bolsillo, zapatillas deportivas… Siempre veníamos cargados de todo eso junto a botellas de Whisky, perfumes y cartones de tabaco. Había que rentabilizar el viaje.

andorra-la-vella-camping

Para mi aquello era un paraíso. Pasaba las mañanas en la nieve esquiando y por la tarde recorriendo todas las tiendas descubriendo cosas increíbles: las primeras videoconsolas, las zapatillas Rebook Pump  que se hinchaban dandole a una pelotita, los videos Betamax…

En el viaje siempre hacíamos noche en ruta en cualquier área de servicio de la autopista. Jamás tuvimos ningún problema.

Pero no solo hicimos viajes a Andorra. A veces hacíamos escapadas cercanas a Campings de costa como el Camping Paraíso de la Vila, que ahora es mi camping favorito. Allí mi padre se pasaba la noche pescando y el día durmiendo.

Todo eso ya sería suficiente para tener buenos recuerdos toda la vida, pero aún hay más: Los veranos en el Camping Bahía de Alicante. Allí pasábamos los tres meses de verano en todo nuestro esplendor de casi “fijos”.

Como mi padre solo tenía un mes de vacaciones (normalmente Agosto), iba y venía a trabajar todos los días a Elda (unos 40 kilometros). Afortunadamente tenía horario de verano y los días eran largos. Aquello si que eran vacaciones.

El Camping Bahía estaba situado a pie de playa entre el Cabo de las Huertas y la Albufera de Alicante. Los recuerdos de aquella época son infinitos. Recorría aquel inmenso camping con mi bicicleta todos los días. Aun tengo cicatrices que dan prueba de ello. Nadabamos hasta los barcos pesqueros, atracados a cientos de metros de la orilla, haciendo carreras absurdas que siempre terminaban en empate.

camping-bahia-alicante

Pescábamos con “volantín” desde la orilla, usando como cebo las lapas que cogíamos en un cubo de plástico. Ahora por supuesto esas dos cosas están prohibidas.

Los veranos en aquel camping eran eternos. Recuerdo a mi padre siempre pescando con palangre. Aquello consistía en tirar unas redes llenas de anzuelos y dejarlas toda la noche en el mar para recogerlas a la mañana siguiente. Con el pescado mi madre hacía caldo y paella.

Las parcelas estaban muy cerca de aquella playa de arena llena de alquitrán y repleta de gente los fines de semana. Y en vez de valla, postes de hormigón unidos por alambre de espino. Naturaleza en estado puro.

camping--bahia

Pero no todo fueron buenos recuerdos en aquel camping. También recuerdo un día que haciendo el idiota me pillé un dedo con la puerta de un aseo prácticamente seccionándome el dedo corazón. Ese es mi peor recuerdo del camping pues me tuvo todo lo que quedaba de verano jodido sin poder hacer prácticamente nada y con mucho dolor.

En aquel camping hice buenos amigos, muchos de ellos de fuera. Recuerdo un amigo de Valladolid llamado Manolín que venía todo los años. Lo recuerdo rubio-pelirrojo, lleno de pecas y con el pelo a lo Schuster típico de la época. Aquello debió de ser entre 1986 y 1990.

Recuerdo también descubrir los primeros cómics de la mano de Vicente, otro chaval que veraneaba con su familia cerca de nosotros. Los cuatro fantásticos, Spiderman, Los nuevos mutantes… La relación siguió después del camping e incluso estuve varias veces en su casa. Veraneaba en el Camping con sus abuelos en una gran tienda familiar.

Descubrí también las maquinas recreativas. Nos colábamos en la urbanización de al lado y en el pequeño bar recuerdo una maquina con el Double Dragon. Fue el primer videojuego que me pasé entero. Mis buenas monedas me costó.

Esos veranos también fueron los veranos de la radio. Sin videoconsolas y con mi madre acostándonos pronto, lo único que me quedaba era la radio. Escuchaba programas de misterio como Espacio en Blanco, uno de los programas míticos de Radio Nacional. Y en Antena 3 me deleitaba todas las noches escuchando Polvo de Estrellas con Carlos Pumares. Allí aprendí los secretos del cine, escuché el famoso especial del Monolito y me reía con las llamadas de los oyentes y sus contestaciones llenas de mala leche.

– “Tengo un amigo que me ha recomendado la película XXXXXX ”
–  “Pues cambie de amigo”

– “¿Qué le parece la película XXXXXX  ? Tengo un grato recuerdo de mi niñez”
– ¿Ese subproducto? !!! Una basura !!!

Cada noche reía en la oscuridad de la caravana con mi Walkman y mis auriculares de esponja naranja, mientras oía a mis padres en el avance también riendo con los amigos, bebiendo Gin Tonics y tocando la guitarra.

Allá donde estés Papá, espero que estés tan bien como en el Camping, todo el día pescando, riendo y durmiendo la siesta bajo las palmeras.
Una parte de ti descansa como pediste en el lugar donde aprendiste a pescar, en la Cova del Llop Marí, en Campello.

llop-mari

Yo seguiré tu ejemplo y saldré de Camping todo lo que pueda, para que mis hijas puedan disfrutar tanto como lo hice yo.

Si tengo caravana, es porque tu me pagaste la mitad, eso te lo deberé siempre.

Y para que estés siempre con nosotros, esparciré también tus cenizas en la Playa de piedras del Camping Paraíso, donde me llevabas de niño y tan buenos ratos pasamos, y como no, en la playa del Camping Bahía, que ya solo existe en nuestro recuerdo.

!!! Gracias por todo y buen viaje Papá !!!

josele_papa

 

 

 

 

 

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13 Respuestas

    • admin

      Gracias Jesús. Lloré mucho escribiéndolo. Espero que os haya gustado.

  1. Jaime

    Qué gran afición te ha dejado tu padre, y que buenos sitios para descansar se ha pedido.
    Yo también me he criado en campings, pero sobretodo, en el paraíso. Y a día de hoy, también es el que más frecuento.
    Un saludo

  2. Gema

    Antes de nada un abrazo. Precioso post, que alegría y suerte tener tantos y bonitos recuerdos. Nosotros nos queremos aficionar a la autocaravana, tengo poquisimos pero maravillosos recuerdos de pequeña y me gustaria que mis hijos vivieran estas experiencias. Un saludo

    • admin

      Gracias Gema.. es el mejor regalo que les puedes hacer: Darles una infancia en un camping.

  3. salcofa

    Ante todo me gustaría disculparme por no haber llegado antes a leer este post. Lamento muchísimo la perdida de tu padre, ya se que no es consuelo pero en estos momentos deberíamos saber hacer lo que has hecho, recordar con ternura y atesorar esos momentos pasados con alguien que no puede ser reemplazado pero que continuará vivo en ti mismo, en tu corazón y en la forma de entender la vida. Ya consigo entender tu gran pasión por el camping, forma parte de tu vida y eso es algo que deja huella.
    Sólo puedo desearte ánimos para seguir adelante y darte un gran abrazo lleno de cariño de parte mía y de Vanessa.

    • admin

      Gracias Salva. Es duro pero es ley de vida. En cuanto se acepta la muerte como parte de la vida uno sufre mucho menos.

  4. luisman

    He entrado en tu post buscando informacion sobre que cosas llevar en la caravana… ya que soy novato y he acabado casi llorando con tu post, con tu padre y con la nostalgia de una infancia que me recuerda en parte a la mia ya que somos de la misma epoca.

  5. M.A.

    Hola,
    Cuando falleció mi padre en el 2008 con lo que me dejó de herencia compré mi primera caravana (él fue campista durante algún tiempo). Podría decirte que con el tiempo todo pasa y todo eso… No voy a decirte nada nuevo, todos los recuerdos que de verdad se quedan gravados a fuego son los que tenenos en las “aventurillas” con la caravana. El día a día y todo eso se pierden en el tiempo… como en la peli de Blade Runner pero yo, al menos y aunque no paro de quejarme disfruto con esta forma de vida.

    Mi padre (y para dar un toque de humor al tema) dijo que quería que sus cenizas la tirásemos en Salamanca su tierra natal, en una encina concreta… hasta aquí todo bién, si no contamos con los 9 toros bravos que pastaban allí. Seguró que allá donde estén sonrien.

  6. César

    Precioso post. Llevo 6 años con caravana y tengo ganas de salir en ruta con ella, cosa que a la parienta no agrada, por eso estamos fijos todos los veranos. Tenemos 2 niños, uno con 10 y otro con 7 años, a los que al principio no les tiraba mucho el camping, pero desde hace 3 o 4 años les tarda que pase el invierno para que de nuevo plantemos la Moncayo en el camping y poder corretear con sus amigos.
    Espero, que cuando ellos tengan su familia, y si esto les gusta, su propio medio de acampada, recuerden los momentos vividos con nosotros, sus padres, que espero sean tan felices como los que tu nos has relatado.
    Gracias y un saludo.

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